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Maestra de infantil e instructora para niños
Montserrat
Alemania
“Los niños no aprenden el mindfulness de una técnica, lo aprenden de tu presencia.”
EN
Una mañana, durante el desayuno, una niña de nuestra escuela infantil abrió su fiambrera y rompió a llorar. Sus tres ciruelas estaban ácidas, duras y verdes, y su madre ni siquiera se había dado cuenta. Antes de que yo pudiera reaccionar, otro niño dijo con calma: “Acuérdate de lo que nos enseña Fred the Frog: respira”. La niña se tranquilizó y los demás niños compartieron su propio desayuno con ella. La maestra de turno se volvió hacia mí y me dijo: “Lo que les estás enseñando está marcando de verdad la diferencia”.
Es en momentos como estos cuando veo lo que el mindfulness hace por los niños pequeños. Lo llevan consigo a todas partes. Una madre me contó que, en medio de un momento de estrés en casa, su hija le dijo: “Mamá, puedes hacerlo como aprendemos con Fred the Frog: respira, siéntate y siente cómo se te llena la barriga de aire. Así tu cabeza se sentirá mejor”.
Lo más importante que he aprendido es que los niños no aprenden el mindfulness de una técnica, lo aprenden de tu presencia. Cuando estoy tranquila y centrada, el grupo se calma conmigo. Y cuando una mañana gris y ruidosa deja a todos sobreestimulados, no me empeño en seguir el plan: nos quitamos los calcetines, abrimos las puertas y salimos a sentir el suelo mojado y a reír, y entonces el ejercicio de respiración fluye sin ningún esfuerzo.
Los niños no dejan de sorprenderme. Un niño descubrió que siente el enfado en las orejas: se le ponen calientes. Otra niña por fin pudo explicarle a su madre por qué las mañanas la ponían triste: siempre iba todo con muchas prisas. Su madre cambió su rutina de las mañanas.
Este trabajo ha sido un punto de inflexión en mi vida. Me ha hecho más lúcida, más sensible y más compasiva, con los niños y conmigo misma.
