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Instructora para niños
Jelke
Países Bajos
“Quiero que los niños sepan que todos sus sentimientos son bienvenidos.”
NL
Hace unos años, un burnout me obligó a detenerme. El mindfulness me ayudó a encontrar el camino de vuelta. Aprendí a ir más despacio y a disfrutar de nuevo de las pequeñas cosas. Por eso, cuando descubrí la formación de Eline Snel para ser instructora de mindfulness para niños, no lo dudé ni un momento. Me inscribí ese mismo día.
Cuando me puse delante de mi primer grupo de niños de cuatro, cinco y seis años, estaba nerviosa. “Seño, ¿no íbamos a relajarnos?”, preguntó uno de ellos. Durante el primerísimo ejercicio, una niña levantó la vista sorprendida: “¡Seño, he oído un pitidito en mi barriga!”. Cuando un niño salió del círculo porque todo le resultaba todavía demasiado nuevo e intimidante, no lo obligué a volver. Al terminar lo hablamos juntos y acordamos que la próxima vez podría sostener nuestra marioneta de rana y sentarse justo a mi lado. A partir de entonces, no volvió a salir del círculo.
Con cada sesión crecía mi confianza, y los descubrimientos de los niños no dejaban de sorprenderme. Una niña que observaba una pasa descubrió unas pequeñas estrías en las que nunca se había fijado. Otra niña contó orgullosa que en casa le había enseñado el ejercicio de respiración a su hermano mayor. Y cuando a un niño un ejercicio le pareció aburrido, aprendí que incluso eso merece la pena explorarlo: ¿cómo se siente en realidad el aburrimiento en el cuerpo?
Hago este trabajo porque quiero transmitir a los niños lo que a mí me habría encantado sentir: la confianza de que todos sus sentimientos tienen cabida y de que pueden sentirse orgullosos de quienes son. En una sesión reciente, un niño me tiró de la manga y me dijo: “¡Seño, qué buena eres!”. En ese momento lo supe: este es exactamente mi lugar.
De niña luché mucho con mi confianza en mí misma y a menudo buscaba quién era y qué camino era el mío. Esa búsqueda me enseñó muchísimo y me convirtió en quien soy hoy. Por eso me parece tan importante que los niños se sientan vistos y escuchados, para que puedan ser ellos mismos con confianza y se atrevan a seguir su propio camino.
